Lauren Mendinueta

La torre de marfil

El mundo es una torre de marfil, en vano

busco una puerta en sus paredes curvas.

Parezco una actriz representando a un borracho,

camino tratando de hacer una línea recta,

nunca eses. No soy una profesional

de la actuación, ni siquiera me le parezco,

pero caminaré tratando de hacer una línea recta.

A veces me siento frente al ordenador y busco

toda clase de cosas, desde zapatos hasta amor.

Y sí, todo lo encuentro allí, porque el mundo es una torre

y estoy atrapada con todo lo demás, es inevitable.

Cuando me miro al espejo me sorprende lo común

que parece mi rostro, y me digo:

es bueno ser tan común, no te asustes.

Vuelvo a sentarme frente al ordenador y encuentro

las mismas cosas, todo, todo, hasta el amor.

Y allí mismo, tecleando,

trato de comprender

por qué me siento libre en la jaula del pájaro.

 

 

Así pasan los años

Pasan los años,

y aunque la vida me acusa de inmovilidad,

también yo he viajado.

Como una partícula de polvo

he revoloteado por la casa y me he prendido a los libros.

Como un insecto he reposado a la orilla de las acequias,

o simplemente he sido una mujer que de tarde en tarde

ha mirado hacia el mar

buscando barcos olvidados por la neblina

y que vuelven a la memoria,

sin esperanza distinta de la muerte.

 

Autoabandono

Apenas ayer tenía cuarenta y nueve años.

Hoy, primera mañana de abril de 1977,

Busqué mi rostro en el espejo,

mi rostro aún más roto

en el espejo roto del baño.

Cuerpo mío inasequible

¡¿por qué sigues terco reflejándote?!

Soy culpable de vivir.

Puedo verte derruido

y en el pasado también fresco y tembloroso,

todo tu peso sobre la liviandad del sueño.

Te vi caminar por entre las dentaduras cariadas

del puerto en la niñez,

correr sobre piernas esparcidas

como por entre robles,

cobijarte en las manos sudorosas de ciudades trajinadas

y dar el pecho a infantes que en vano

buscaban líquidos distintos de la piedad.

Te vi, cuerpo,

descansar el rostro sobre la tumba modesta

que ahora evoca tu propio rostro.

Soy casi un escombro,

una mancha indistinguible

en los espejos de asilos y supermercados.

Sé que estoy viva porque siento dolor;

el cuerpo es una prolongación

absurda y obligada de la mente.

 

Como ayer fue siempre

Separados, pero iguales,

los días avanzan hacía la terca evidencia del calendario,

hacia la diaria justificación de sus nombres.

Como ayer fue siempre;

la luna que venía de más allá,

la oscura evidencia de tu pelo,

tu voz donde el viento,

tu voz don del viento,

la arena contra tu rostro,

el frágil signo de la palabra

que soplaras hace tanto tiempo en mis labios.

Hoy vuelves a mi suerte,

vuelves a donde nunca estoy.

 

Olvido de mí

Octubre ha llegado dominado por las lluvias,

y los demás meses lo han seguido hasta aquí.

De repente este amontonado tiempo lo llena todo,

el verde de la casa, las sillas, la manta que cubre el piso

cuando en el verano me recuesto a leer.

En mí no es posible el abandono del tiempo,

la gracia que supone el olvido

me hubiese salvado de esta invasión.

Ahora debo caminar con cuidado

para no maltratarme con tantos recuerdos.

¿Me engañaré o será verdad lo que voy a decir?

Renuncio a esta visita, no le temo a la soledad.

 

La vocación suspendida
a Pierre Klossowski

No es honesto detenerme tratando de justificar con ideas

lo que es vida en la vocación,

ese algo que está a medio camino entre el color de mi atmósfera típica

y la punta de la realidad.

¿Cómo entender la pasión exclusiva por un oficio

que lo remplaza todo, que todo lo justifica en su complacencia?

Si escribo puede ser que alguna vez devele una verdad

por las rutas adonde me arrastra la sangre.

Soy libre porque estoy presa en el engaño que supone todo misterio.

 

El dominio

Me asomo a la tarde, miro las nubes de soslayo,

desplazándose vistas y exaltadas sobre el pico de la montaña.

Se deslizan hacia el olvido de la mirada,

hacia el coro urdido por el silencio, o más allá.

En esta cárcel, mi condena,

la muerte está sentada al otro lado de la salida.

No me abandonará por ahora,

ella seguirá presa en mí, mientras afuera llueve

y el recordado azul del cielo se vuelve agua en los cristales.

 

Los poemas pertenecen a La Vocación Suspendida (editorial Point de Lunettes, 2008), libro con el que Lauren Mendinueta (Barranquilla, 1977) ganó en España el VI Certamen Internacional de Poesía Martín García Ramos (2007). Antes publicó tres poemarios y la biografía Marie Curie, dos veces Nobel, más una antología de sus poemas con el título Poesía en sí Misma editada por la Universidad Externado de Colombia en su colección Un Libro Por Centavos . Algunos de los reconocimientos que ha obtenido la autora: Premio Departamental de Poesía, Ministerio de Cultura de Colombia (1998); Premio Festival Internacional de Poesía de Medellín (2000); Beca de Residencia Artística en México concedida por el Ministerio de Cultura de Colombia y el Fondo Para la Cultura y las Artes de México (2005). Su nombre aparece en importantes antologías, la más reciente: Una gravedad alegre (antología de poesía latinoamericana al siglo XXI, Valladolid, España, 2007). Sus trabajos han sido traducidos al inglés, italiano, alemán y ruso. Desde el 2005 está radicada en Europa.


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